La creciente tensión geopolítica en Medio Oriente y el bloqueo del estrecho de Ormuz han situado al transporte aéreo europeo ante un escenario de riesgo inédito: la posibilidad de una escasez de queroseno que afecte de forma estructural a la operativa de las aerolíneas y aeropuertos de Europa en plena antesala de la temporada alta.
Las aerolíneas y los aeropuertos fijan en tres semanas el margen para que el conflicto en Medio Oriente se relaje y permitan la entrada de carburante por el estrecho de Ormuz para eivtar problemas operativos.
Este enclave estratégico canaliza cerca del 20% del petróleo mundial, lo que convierte cualquier interrupción prolongada en un factor crítico para el suministro energético global.
En este contexto, el Consejo Internacional de Aeropuertos – Europa (ACI Europe) ha trasladado a la Comisión Europea una advertencia clara: si no se restablece el flujo marítimo en un plazo aproximado de tres semanas, la Unión Europea podría enfrentarse a una escasez generalizada de combustible de aviación. La dependencia es elevada, ya que en torno al 40% del queroseno consumido en Europa llega a través de esta ruta.
¿Cómo puede afectar esa escasez de queroseno a las aerolíneas y aeropuertos europeos?
A diferencia de otros sectores energéticos, el transporte aéreo opera bajo una lógica de suministro continuo, con una capacidad limitada de almacenamiento en los aeropuertos. Esto implica que cualquier disrupción no se traduce en un corte inmediato de la actividad, pero sí en un deterioro progresivo de la operativa, con efectos acumulativos sobre la red aérea. (WTTC: 135 millones de viajes en riesgo por conflicto en Medio Oriente)
En una primera fase, el impacto sería principalmente económico. El encarecimiento del queroseno (que ha llegado a duplicarse en algunos mercados europeos) presionaría los costes operativos de las aerolíneas, donde el combustible representa hasta una cuarta parte del gasto total. Este escenario ya está teniendo reflejo en ajustes tarifarios y en una reducción de promociones, anticipando un encarecimiento del transporte aéreo para el consumidor final.
Las aerolíneas se preparan para lo peor
A medida que la situación evolucionara hacia un escenario de menor disponibilidad, las compañías comenzarían a optimizar su capacidad mediante recortes selectivos. Las rutas de corto radio con alternativas terrestres, así como aquellas con menor rentabilidad, serían las primeras en desaparecer. De hecho, algunas aerolíneas europeas ya han iniciado ajustes de programación ante el aumento del combustible y la incertidumbre sobre el suministro.
En un estadio más avanzado, el sector podría entrar en una fase de racionamiento. En este supuesto, el combustible disponible se destinaría prioritariamente a operaciones estratégicas, como vuelos de carga, rutas esenciales o conexiones de largo radio con mayor impacto económico. Este tipo de medidas ya se han observado en otros mercados afectados por tensiones energéticas, lo que refuerza la plausibilidad de este escenario en Europa.
El efecto sistémico de una eventual escasez no se limitaría al transporte aéreo, sino que tendría un impacto directo sobre el conjunto de la economía europea. La conectividad aérea genera aproximadamente 851.000 millones de euros de PIB y sustenta millones de empleos, por lo que cualquier reducción significativa de la actividad afectaría a sectores clave como el turismo, el comercio internacional o la logística de alto valor.
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