El concepto de los viajes de lujo está experimentando una redefinición estructural que trasciende los códigos tradicionales de exclusividad asociados a lo material. Según una encuesta realizada por Eurostars Hotel Company (parte del Grupo Hotusa) a cerca de 3.000 clientes a través de su plataforma Hotel Tester, el viajero premium empieza a buscar elementos intangibles como el bienestar, la autenticidad y la calidad del tiempo, en línea con una evolución ya detectada en otros estudios del sector.
Una de las habitaciones del Eurostars Old Montreal Suites & Apartments 4 estrellas.
El alojamiento continúa siendo un pilar central en la experiencia de alto nivel, según la compañía, pero pierde peso como único factor diferencial. El confort sigue liderando las preferencias, aunque se observa un desplazamiento hacia atributos como la atención personalizada, la privacidad y la tranquilidad, que consolidan una idea de lujo vinculada al descanso efectivo y a la ausencia de fricciones durante la estancia.
El nuevo lujo se apoya en las experiencias exclusivas para diferenciarse
Este cambio se ajusta el auge de las tendencias relacionadas con los productos basados en experiencias. Más de la mitad de los encuestados asocia el lujo con vivencias, frente a un menor peso de los bienes materiales, lo que sitúa en primer plano la gastronomía local de alto nivel y la inmersión cultural como elementos clave en la propuesta de valor del producto turístico premium.
En paralelo, la sostenibilidad deja de ser un atributo diferencial para consolidarse como un estándar exigido. Ocho de cada diez viajeros consideran que influye en su percepción del lujo, lo que obliga a operadores y hoteleros a integrar criterios medioambientales y sociales en la experiencia sin comprometer el nivel de servicio. Este enfoque refuerza la transición hacia un modelo de turismo de valor más consciente. (Eurostars abre su primer 5 estrellas en Valladolid)
Los huéspedes "premium" quieren destinos menos saturados y con productos más personalizados
La personalización, por su parte, se consolida como una de las principales palancas de diferenciación, aunque con matices relevantes para la industria. El cliente demanda propuestas a medida, pero prioriza claramente la interacción humana frente a soluciones tecnológicas avanzadas: la digitalización se percibe como herramienta de soporte, no como eje central de la experiencia.
Otro de los vectores de cambio es la preferencia por destinos menos saturados y con mayor conexión local. El viajero de alto valor busca entornos con menor densidad turística y experiencias integradas en el territorio, reforzando tendencias como el “slow travel” o las escapadas frecuentes y de menor dura ción, que ya se consolidan como patrones de comportamiento emergentes.
Viajes de lujo, sí, pero no a cualquier precio
Pese a tratarse de un segmento de alto valor, el factor económico mantiene un papel relevante en la decisión de viaje. Los incentivos vinculados al precio continúan siendo el principal estímulo para incrementar la frecuencia de consumo, por delante de beneficios personalizados o experiencias exclusivas, lo que refleja un cliente sofisticado pero igualmente sensible a la optimización del gasto.
De cara a los próximos años, el descanso y el bienestar emergen como la principal motivación del viaje, seguidos por la conexión con el entorno y el aprendizaje.
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