Viajar ha dejado de ser un acontecimiento extraordinario para convertirse en una práctica integrada en la vida diaria. Esta es una de las principales conclusiones que se desprenden de la encuesta sobre tendencias, hábitos y motivaciones de viaje elaborada por Eurostars Hotel Company entre cerca de 3.000 de sus clientes.
Tendencias: 2026, el año del "slow travel", según Eurostars
Una encuesta realizada por la cadena hotelera entre 3.000 clientes revela las tendencias que marcarán este nuevo año turístico.
Eurostars revela que el wellness, el "slow travel" y los viajes cortos, pero repetidos durante el año, serán tendencias que marcarán el 2026.
Un estudio que anticipa cómo se configurará la demanda turística de cara a 2026 y que confirma un cambio estructural en la forma de entender el viaje.
El informe dibuja un escenario en el que la frecuencia y el significado de la experiencia pesan más que la duración o el carácter excepcional de la escapada. En este nuevo contexto, las estancias cortas y recurrentes se imponen claramente: más del 70% de los encuestados señala los llamados micro-viajes como su fórmula preferida para el próximo año. Escapadas de pocos días, fáciles de encajar en la agenda laboral y personal, que aportan una desconexión inmediata sin necesidad de una planificación compleja.
Viajar menos días, pero mejor, una de las tendencias que marcarán 2026
Este patrón consolida una tendencia que el sector hotelero ya venía detectando: el valor del viaje ya no reside en acumular noches, sino en su capacidad para integrarse de forma natural en la rutina y aportar bienestar. El desplazamiento deja de ser un paréntesis puntual para convertirse en un hábito recurrente, casi cotidiano, alineado con nuevos estilos de vida más flexibles. (Tendencias: el uso de apps de IA en el turismo se dispara un 124%)
En paralelo, el estudio revela un cambio profundo en las motivaciones. Viajar se percibe cada vez más como una necesidad emocional vinculada al descanso, la desconexión mental, la celebración de momentos personales o, simplemente, al cambio de escenario.
El ocio tradicional cede terreno a una concepción más amplia del viaje como herramienta de equilibrio personal, en línea con el auge del wellness y del restorative travel, entendidos no tanto como productos específicos, sino como experiencias que ayudan a bajar el ritmo y reconectar con uno mismo.
La importancia de los hoteles
Otro de los ejes que marca el comportamiento del viajero es la búsqueda de autenticidad. Gastronomía local, cultura y contacto real con el entorno se sitúan entre las prioridades, incluso en estancias breves. El visitante aspira a comprender el destino desde dentro, alejándose de propuestas estandarizadas. En este sentido, el hotel asume un nuevo rol: deja de ser únicamente un lugar de alojamiento para convertirse en un facilitador del acceso a la identidad local y a experiencias genuinas. (Tendencias: 2026 será el año del turismo "emocional")
La personalización emerge también como una expectativa clave. Más que propuestas radicalmente únicas, los viajeros demandan flexibilidad y capacidad de adaptación a su momento vital, su ritmo y sus intereses. La hiperpersonalización se traduce así en ofertas modulables que permiten al cliente diseñar su propia experiencia sin sentirse limitado por modelos rígidos o predefinidos.
El estudio de Eurostars apunta igualmente al fortalecimiento del slow travel y al redescubrimiento de destinos conocidos. Frente a la lógica de acumular lugares, gana protagonismo el placer de regresar a espacios ya visitados y vivirlos desde una nueva perspectiva. Este enfoque favorece destinos menos saturados y hoteles con carácter, especialmente aquellos con historia o una identidad arquitectónica marcada, que aportan una dimensión narrativa al viaje.
La IA, la fidelización y el auge de la tecnología en los procesos de reserva, claves en el turismo de nueva generación
En el ámbito de la fidelización, los resultados reflejan una evolución clara. Los programas tradicionales basados en descuentos pierden peso frente a modelos que buscan generar comunidad y vínculo emocional con la marca. Los viajeros valoran sentirse parte de un ecosistema que les ofrezca experiencias relevantes, ventajas útiles y una relación continuada en el tiempo.
La tecnología y la inteligencia artificial completan este nuevo mapa del viaje, aunque con un papel discreto. Los clientes aprecian aquellas soluciones que simplifican la planificación, reducen fricciones y ofrecen recomendaciones ajustadas a sus preferencias. No se trata de incorporar más tecnología, sino de utilizarla como un aliado silencioso que ahorra tiempo y mejora la experiencia sin restar protagonismo al viaje en sí.
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