"Salir a comer afuera", como se decía simpáticamente en otros tiempos, siempre depara sensaciones satisfactorias. Además de tener la posibilidad de probar otros sabores y olvidar por un rato los platos cotidianos, uno quiebra la rutina, cena de manera más relajada, no está pendiente de noticieros o pasatistas programas de televisión, y vuelve a esa costumbre ya casi extinguida en los hogares: la charla.
Si a esto se le suma la decisión de dedicar la oportunidad a una gastronomía específica, la salida adquiere un tentador valor agregado.
En el caso de la comida peruana, nada mejor que acercarse a Moche, que desde hace seis años ofrece sus exquisitas propuestas en la tranquila esquina de Nicaragua y Ravignani, Palermo.
Su nombre remite a una cultura preincaica del norte de Perú, región donde el propietario del restaurante, Johnny Rodríguez, contrajo matrimonio. Por tal motivo, junto a su esposa bautizó al establecimiento con dicha denominación, siendo uno de los pioneros de este polo gastronómico de la ciudad.
Con capacidad para 58 cubiertos, en sus comienzos fue un local de cocina peruana criolla, pero este año -con la finalidad de ampliar su carta- dio un giro incorporando también la cocina nikkei y el sushi. Su renovación se aplicó también al ambiente, ya que se dividió el salón en dos espacios bien diferenciados, acordes al estilo de cocina que prefiera el comensal. En ambos reina una atmósfera de plena intimidad, con iluminación tenue y moderna música de fondo que invitan al relax, el diálogo y, por supuesto, a disfrutar los menúes.
ELEGANTE LIMA VIRREINAL.
Aquellos que optan por la cocina criolla peruana disponen del salón Lima Virreinal, decorado con sillas estilo Luis XV y XVI, elegantes arañas con caireles, un gran espejo con un refinado marco inglés y mesas con manteles blancos que recrean un ambiente sofisticado y elegante.
Allí se pueden saborear platos típicos del país, comenzando con las "rondas", ideales para degustar y conocer a grandes rasgos esta deliciosa y extensa cultura gastronómica. Entre ellas se destaca la "Ronda Moche", que incluye variadas propuestas frías: ceviche de lenguado, tiradito de rocoto, causa de langostinos y papitas en crema huancaína.
En tanto, la "Ronda Inka" contempla una degustación caliente de anticuchitos peruanos, ají de gallina, lomo salteado, y mariscos en su salsa.
Si se prefiere se pueden solicitar exquisitos platos como el clásico "Lomo salteado", "Mero a lo macho" (porque es bien picante), "Arroz con mariscos", "Adobo de cerdo", "Chupe de camarones" y "Cordero de la casa", entre otros.
DELICIAS DE MACHU PICHU.
En tanto, el salón Machu Picchu ostenta una decoración de tipo precolombino, con mesas de madera, sillones de cuero, almohadones artesanales traídos especialmente de Perú y una barra de sushi.
Para comenzar, imposible no caer en la tentación de los "Langostinos crocantes con salsa de mango" (en masa filo y acompañados con quenelles de batatas), las "Brochettes Moche" (pulpo y langostinos en ajíes y especias peruanas acompañadas con salsa Ocopa) o la Maki Causa (roll de causa relleno con tar-tar de salmón y palta acompañado de salsa maracuyá).
Como platos principales la propuesta nikkei incluye "Tacu Tacu oriental" (quenelles de arroz con porotos rebozados en panko y sellados, bajo pulpo braseado en salsa BBQ aromatizada con lemon grass), "Sake Moche" (salmón relleno de quínoa de los incas sobre espejo de miel de chancaca) y "Cerdo Nikkei" (costillitas de cerdo en salsa agridulce), entre otros.
En cuanto a las opciones de sushi, la carta ofrece originales creaciones, como el "Niguiri especial" (tar-tar de langostino, ciboulette, togarachi y mayonesa casera), variedades de Geishas como las Vip (Tamago, mango, Shari, Philadelphia y caviar) y Moche (salmón, queso, palta, ciboulette y rúcula), además de rolls.
A LA POSTRE.
Es un placer ir saboreando lentamente cada uno de los pequeños platos de las "rondas", tan minuciosamente preparados y tan esperadamente presentados. También es un gusto escuchar las explicaciones de los mozos Lucho y Augusto, que además de ser sumamente atentos, demuestran sus conocimientos históricos y técnicos sobre esta antigua gastronomía y lamentan no poder ofrecer salmón "porque, debido las restricciones a la importación, no disponemos en estos momentos".
Uno se quedaría por más tiempo con los sabores que acaba de probar en la boca, pero todo tiene su tiempo, claro, y entonces hay que pasar a los postres.
Para ello, Moche cuenta con una carta de opciones que recrean los dulces peruanos con sabores originales. Una particular propuesta es el llamado "Tres leches", bizcochuelo embebido en leche condensada, leche evaporada y crema de leche, con salsa de frutos rojos. En tanto, la "Creme bruleé del Inka" es una mezcla de quínoas tortadas traídas de los Andes peruanos combinada con el típico postre francés. Es posible también elegir el "Mousse de maracuyá", saborizado con pulpa de maracuyá sobre espejo de chocolate y culi de frutos rojos; o el "Trío de sorbetes", con helado de mango, chicha morada y frutillas.
Con un té o un café concluye la cena. Ha sido una deliciosa experiencia.
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