Si bien toda París es como una sobria joya dorada, existe un área a la que -debido a la concentración de hoteles de lujo, casas de alta costura, tiendas prestigiosas y joyerías famosas- se la denomina Triángulo de Oro.
Delimitada por las avenidas Les Champs-Élysées, Montaigne y George V, se concentran allí los locales de afamadas marcas como Christian Dior, Chanel, Louis Vuitton, Ferragamo, Dolce e Gabbana, Max Mara, Christian LaCroix, Valentino, Prada, Ungaro, Bonpoint, Bulgari y Donna Karan, entre otras.
Es, sin dudas, la zona más sofisticada y glamorosa de la capital francesa.
Y allí, en el 7 de la rue Clément Marot, funciona el hotel West End, una inmejorable opción para el alojamiento en La Ciudad Luz, que debido a su privilegiada ubicación permite, en pocos minutos, llegar caminando al Arco del Triunfo y la Torre Eiffel.
Apenas ingresa, el huésped se ve envuelto en una cálida atmósfera, conformada por la madera de las paredes, el cuidado mobiliario, las alfombras y las refinadas lámparas y arañas. A esto hay que sumarle un aroma muy particular: el que emerge de las varillas de bambú sumergidas en aceite aromático ubicadas en rincones estratégicos, que le brindan a los ambientes una marcada y muy agradable identidad sensorial.
Instalado en un deslumbrante edificio de hermosos balcones, que por las noches brilla gracias a una prolija iluminación de tonalidad amarilla, el West End cuenta con 49 habitaciones categorizadas en Standard, Superior, Executive y Luxe. Cada una está equipada con amplio baño, grandes espejos, mini bar, televisor de pantalla plana con canales internacionales y altos ventanales.
DETALLES QUE MARCAN LA DIFERENCIA.
En tiempos tan digitales, recibir una llave para ingresar a la habitación ya representa una más que agradable sorpresa. Pero si a la vez se trata de un delicado objeto de bronce, coronado por una elegante borla, la sorpresa es doble. Y este pequeño gran detalle -una verdadera delicadeza- bien puede definir la filosofía del West End, donde cada aspecto de la hospitalidad está cuidado y tratado minuciosamente, de modo tal que el huésped tenga la posibilidad de disfrutar de un alto nivel de confort, atención, comodidad y servicio durante su estadía.
En ese sentido, la suave blanquería y los amenities de cada cuarto se conjugan a la perfección con la madera de la puerta y el piso, los cuadros y apliques que decoran las paredes, las distinguidas lámparas de pie, los espejos con marco de bronce, los arreglos florales, las delicadas mesas de luz y el mármol de los baños.
Otro detalle, no menor, es que el hotel permite fumar en las habitaciones, ya que al disponer éstas de amplios ventanales, los huéspedes pueden ventilar el ambiente sin que se concentre el olor del tabaco.
En ese mismo contexto cabe mencionar al Honesty Bar, ubicado en uno de los dos sectores del lobby. Se trata de un servicio mediante el cual el huésped tiene la posibilidad de optar entre diversas bebidas, con y sin alcohol, y algunos tentempiés, en forma de "autoservicio", es decir: servirse por su cuenta y a gusto, y posteriormente anotar lo consumido para pasarlo a la cuenta de la habitación. De ahí el nombre, por su relación con la sinceridad del pasajero en informar correctamente lo que ha tomado del sitio.
En cuanto a los horarios de ingreso y salida, la propiedad efectúa el check-in a las 14 y el check-out a las 12. Entre sus servicios figuran room service las 24 horas, wi-fi en todas las áreas, diarios nacionales e internacionales, Internet paga e impresora en el lobby, laundry, cambio de dinero, mapas gratuitos de la ciudad, y por supuesto la asistencia gentil y permanente por parte del personal.
También cabe destacar el amplio horario para el desayuno y el acogedor salón donde se sirve, de dimensiones más pequeñas, lo que le brinda un ameno clima de intimidad. Sillones de pana, vajilla de porcelana y cubiertos de plata marcan la distinción de este cálido rincón.
UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE.
Tuve la oportunidad de alojarme una noche en el West End durante mi primer viaje a París, en marzo de este año. Y, además de disfrutar de sus mencionadas instalaciones y servicios, también pude comprobar la muy esmerada atención de sus empleados, que de manera natural -respetuosa y hasta afectuosamente- estuvo a disposición en todo momento. Y un gran detalle para quienes llegamos desde estas latitudes: en la Recepción hablan español a la perfección.
Tal como se ha dicho, una de las grandes ventajas de este establecimiento es su privilegiada ubicación, ideal para recorrer las calles de los alrededores y maravillarse con sus edificios y tiendas mientras se va o se vuelve de los atractivos tradicionales de la ciudad.
De este modo, imposible no detenerse en la vidriera del gran edificio de Louis Vutton, en la esquina de Le Champs Elysees y George V. Allí los codiciados bolsos y carteras se exponen como joyas sobre llamativos decorados, que en el mes mencionado reposaban sobre simpáticas cebras en tamaño real y en distintas poses.
¿Y cómo no tentarse en Ladurée? Sobre Le Champs Élysées, uno de los más coquetos locales de la refinada marca que ofrece productos de pattiserie y chocolates, así como salón de té y restaurante. Es, definitivamente, una boutique de exquisiteses, en la que sobresalen las torres de coloridos macarons.
También tiene uno la posibilidad de degustar platos de la exquisita cocina francesa o simplemente tomarse un cafecito en el famoso Fouquet's, en cuyas mesas suelen verse a reconocidas figuras relacionadas con el cine.
Cada noche, el legendario Lido también aguarda muy cerca del West End, con su admirable cuerpo de bailarines y maravilloso vestuario.
Y así podrían ser mencionados decenas de otros sitios de interés localizados en las cercanías de este tan acogedor hotel, que no deja de ser una atracción en sí misma merecedora de ser conocida. Al menos por una noche, que sin dudas será inolvidable para el huésped que sabe apreciar la relevancia única de los detalles.
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