Mallorca vive una transformación contradictoria: mientras su turismo crece, sus restaurantes tradicionales sienten cómo el auge de los pisos turísticos de Airbnb les roba clientes y rentabilidad. Varios restauradores advierten que este modelo vacacional, impulsado por la economía colaborativa, está impulsando cierres masivos, desplazando el consumo hacia supermercados y erosionando la identidad local.
Mallorca: ¿Airbnb acelera la crisis de los restaurantes locales?
Mallorca vive una transformación contradictoria: mientras su turismo crece, sus restaurantes sienten cómo el auge de Airbnb les roba clientes y rentabilidad.
Restaurante del hotel AluaSoul en Mallorca.
Luca Pisoni, ex responsable del pub Shamrock en Palma, afirma que el turismo “low cost” vinculado a Airbnb ha llevado a que muchos visitantes opten por preparar bocadillos en sus alquileres en lugar de cenar afuera.
Según su análisis, esto deriva una parte significativa del gasto turístico hacia el consumo en supermercados, en vez del canal tradicional de restauración.
Desde la patronal restauradora CAEB, su presidente Juanmi Ferrer compartió una preocupación aún más grave: "Este año van a cerrar centenares de restaurantes”, asegura.
Algunas zonas concretas, como el Port de Sóller o el Port d’Alcúdia, registran una ocupación de alojamientos tan baja que no llega al 40%. En respuesta, algunos locales han tenido que dar vacaciones a sus empleados incluso en pleno julio, mes pico de la temporada, por la falta de clientes en sus comedores.
Para Ferrer y otros líderes del sector, el problema no es solo económico. Denuncian que Airbnb promueve un perfil de turista con menor poder adquisitivo, que no aporta con su consumo al tejido hostelero local. Además, argumentan una menor contribución fiscal y un empleo más precario en comparación con el que genera el alojamiento reglado. (¿Aumentar los precios en Mallorca podría disminuir la masificación?)
Una burbuja alojativa con ecos sociales y fiscales
El debate no es nuevo. Las instituciones locales llevan años señalando cómo Airbnb ha transformado el mercado residencial. Desde 2015, los gobiernos autonómicos han impulsado el alquiler de corta estancia, lo que, según los restauradores, ha “extraído” miles de viviendas del uso residencial para destinarlas exclusivamente al turismo.
Esta deriva, critican los restauradores, va más allá del impacto comercial: también afecta a la identidad de Mallorca y a su convivencia. Según ellos, las comunidades locales se ven rodeadas por turistas que compran en supermercados, cocinan en sus pisos y apenas consumen en el comercio tradicional.
Las autoridades insulares ya han comenzado a actuar. El Consell de Mallorca firmó recientemente un acuerdo con Airbnb para acelerar la eliminación de anuncios irregulares. Airbnb, por su parte, se comprometió a retirar publicaciones sin registro oficial y a incorporar un número de licencia obligatorio en los nuevos anuncios.
Airbnb en Mallorca: ¿un modelo justo o un modelo en guerra?
Algunos restauradores no ocultan su indignación: creen que detrás de la expansión turística existe una estrategia que prioriza el alojamiento por encima de la restauración local. "No solo se trata de dinero", dice Pisoni, "sino de un modelo de turismo que margina a quienes viven y trabajan en Mallorca".
Por su parte, representantes del sector turístico más amplio defienden la regularización reciente y celebran la colaboración con Airbnb. Pero para muchos restauradores la promesa del turismo responsable aún no se ha cumplido. Su visión es crítica: un “gasto turístico” que no recupera la esencia ni la economía local.
Hacia un nuevo equilibrio regulatorio
La agresiva expansión del alquiler vacacional en Mallorca ha alcanzado un punto de inflexión. La cooperación entre las autoridades locales y Airbnb podría marcar el comienzo de una regulación más estricta, pero muchos recomiendan que vaya más allá: no solo control, sino un equilibrio real que garantice que el turismo beneficie a los residentes y no solo a los inversores. (Mallorca firma una alianza con esta app de pisos turísticos)
Desde la restauración, insisten en que sin medidas adicionales, muchos establecimientos emblemáticos seguirán desapareciendo. Para ellos, el turismo no puede ser solo una fuente de alojamiento: tiene que traducirse en experiencia, consumo y empleo real para quienes sostienen la identidad mallorquina.
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