Mallorca lleva siendo el centro de la polémica por el turismo de masas desde hace años. Acapara titulares no solo en España, sino también en Europa por su alta demanda turística.
Táboas (Consell de Mallorca): "La isla se vende sola; ahora hay que garantizar la convivencia"
El nuevo director de demanda y hospitalidad del Consell de Mallorca desvela a Ladevi su nueva estrategia de turismo sostenible y colaborativo.
Marco Táboas, director insular de Turismo para la Demanda y la Hospitalidad del Consell de Mallorca.
Pero el destino atraviesa también un importante proceso de transformación en la gestión turística que rompe con los modelos tradicionales, centrados exclusivamente en la promoción, para pasar a un enfoque basado en el análisis de datos, la convivencia y la sostenibilidad.
Así lo explica en una entrevista con Ladevi Marco Táboas, director insular de Turismo para la Demanda y la Hospitalidad del Consell de Mallorca, quien lleva desde febrero en este cargo. El directivo subraya el “diálogo directo y constante con el sector privado”, incluyendo a hoteleros y asociaciones, (con una influencia muy importante, ya que las grandes cadenas internacionales tienen su sede en la isla), para orientar la oferta hacia perfiles de turistas que respeten las tradiciones, la cultura y el entorno de la isla.
Todo ello, sin olvidar el impacto económico del turismo, el cual busca engrandecer sin esconder las partes negativas que “evidentemente trae”.
Pregunta. Usted ha explicado que el área de la que es responsable no se centra en la “promoción” turística clásica. ¿Qué significa este cambio de enfoque?
Respuesta. Hemos transformado lo que antes era un patronato de turismo en una oficina que trabaja sobre todo con inteligencia y datos. Lo hacemos a través del Observatorio de Turismo Sostenible de Mallorca, dentro de un proyecto tractor de la UE, con un presupuesto cercano a cinco millones de euros. De ahí obtenemos información clave para orientar nuestras políticas. No hablamos de promoción, sino de convivencia, concienciación y colaboración.
¿Qué medidas está poniendo encima de la mesa Mallorca para luchar contra la imagen de destino que rechaza el turismo?
P. ¿En qué consiste exactamente esa colaboración?
R. Seguimos presentes en ferias y trabajamos con hoteleros y asociaciones, pero con otro mensaje: no es “ven a Mallorca”, porque los turistas ya vienen; es “entiende que aquí vive gente, que hay cultura, que hay un producto local y que la isla no es un parque temático”. Queremos que el visitante respete la vida cotidiana de quienes residen aquí.
También buscamos concienciar a la sociedad mallorquina. El turismo ha sido clave para pasar de una economía de subsistencia a lo que somos hoy. Muchos problemas que se atribuyen al turismo —como el tráfico en Palma en horas punta— son en realidad cuestiones de densidad poblacional. Con datos podemos explicar realidades: por ejemplo, que los campos de golf se riegan con agua reutilizada, que Mallorca y Canarias son líderes mundiales en reutilización, o que muchos hoteles bajan el precio del agua en sus municipios porque depuran y reciclan.
P. ¿Qué papel tiene la monitorización en su estrategia? ¿Se busca controlar los flujos turísticos gracias a estos datos que obtienen desde el Consell?
R. Más que controlar flujos de turistas, lo importante es monitorizar recursos críticos, como el agua o la energía, para tomar decisiones informadas. Además, sirve para poner en valor lo que ya se hace bien: hay un hotel en Playa de Palma que funciona 100% con hidrógeno, pero pocos lo saben. Conocer estos datos ayuda a reforzar la conciencia de sostenibilidad.
Mallorca, su turismo y el "equilibrio público-privado"
P. Usted viene del sector privado, ¿cómo ha sido el paso a la gestión pública?
R. Me sorprendió gratamente. Cobras menos, tienes más exposición pública y críticas, pero he encontrado un equipo técnico muy sólido en la Fundación Mallorca Turismo y un presidente y un conseller que son gestores, no políticos al uso. Eso me permite trabajar con libertad, sin presiones partidistas, y centrarme en lo técnico.
P. ¿Cómo es la relación con el sector privado?
R. Buena. Hemos creado comisiones técnicas por áreas —turismo MICE, deporte, náutica, turismo premium, cine— en las que participan empresas del sector. Ahí debatimos y decidimos juntos. Un ejemplo: se había descartado acudir a una feria clave de MICE por su coste, pero tras escuchar a la comisión técnica la retomamos. Eso demuestra que su voz tiene peso real.
P. El verano ha sido catalogado como “bueno, pero no tanto”, ¿cuál es su balance?
R. Hubo un aumento de un 2% en pasajeros, así que turistas no faltaron. El debate es qué entendemos por “turista”: desde alguien que viene a casa de un familiar hasta el huésped de un cinco estrellas que apenas sale del hotel. El gasto medio ronda los 1.500 euros, pero no siempre revierte en el tejido local. De ahí la importancia de definir bien los perfiles y trabajar hacia una diversificación de la oferta.
P. ¿La colaboración entre administraciones resulta más compleja que la público-privada?
R. A veces sí. (…) Con el sector privado basta con levantar un teléfono. (…) Pero estamos logrando avances porque todos entienden que el objetivo es común: hacer sostenible el modelo turístico. Mira, nosotros tenemos buena relación.
A veces, los mensajes entre administraciones son contradictorios: en un sitio se lanza el mensaje de que la isla no está saturada, pero en otro sí. Nosotros hemos creado una serie de comisiones técnicas donde nos reunimos constantemente con todo el sector. En ellas se les preguntan a las empresas su opinión sobre determinados temas, y aunque es un órgano consultivo, se tiene muy en cuenta su posición. (Los hoteles de Baleares lanzan una campaña para contrarrestar la turismofobia)
P. Con este nuevo enfoque, ¿cuál es el papel de la administración en el turismo actual?
R. Antes la administración ayudaba a vender. Hoy el sector ya sabe vender solo. Nuestro papel es garantizar la convivencia, mediar entre locales y visitantes, y aportar datos para una gestión responsable.
¿El aumento de precios frenaría el turismo de masas? Para Mallorca, esa no es la solución
P. Se habla mucho de subir precios para filtrar la demanda. ¿Es una solución?
R. No. Subir precios solo tiene sentido si se da un servicio acorde. Y hay que pensar en la población local, porque también acaba pagando esos precios. Lo importante es equilibrar la oferta, diversificar actividades y no caer en la trampa de pensar que solo encareciendo todo se resolverán los problemas. (Baleares destinará el dinero de la tasa turística a derruir hoteles antiguos).
P. Entonces, ¿no hay un plan de promoción para atraer a un perfil determinado?
R. No en el sentido tradicional. Apostamos por reforzar sectores que desestacionalizan, como el golf, el turismo MICE o la náutica tecnológica. Eso ya atrae perfiles concretos sin necesidad de campañas clásicas de promoción. Trabajamos con refuerzo positivo: destacar lo que aporta valor en lugar de insistir en lo que sobra.
P. Japón ha ensayado medidas radicales contra la masificación, incluso cerrar pueblos o regalar vuelos. ¿Mallorca necesita fórmulas así?
R. No creo que sea comparable. La saturación tiene mucho de percepción y de nostalgia. Y, a veces, la gente es un poco cínica. (…) Las playas han estado llenas siempre; lo que ha cambiado es que ahora todos queremos la misma foto en el mismo sitio. Y también ha cambiado la frecuencia de los viajes: hoy casi todo el mundo hace varias escapadas al año, cuando antes había un único viaje de verano. Hay que relativizar y aprender a convivir. (La gestión del turismo de masas será clave para el verano 2025)
Mallorca quiere que el mundo sepa su estrategia de control turístico: "Acompañamos a las empresas a transmitir el mensaje"
P. ¿Cómo trabajan con mercados emisores de alto poder adquisitivo, como el latinoamericano?
R. Nos centramos en mensajes culturales y de respeto. Explicamos, por ejemplo, que las fiestas de los pueblos no son espectáculos para turistas, sino tradiciones locales. Acompañamos a empresas en ferias para transmitir ese mensaje y facilitar que el visitante disfrute sin generar rechazo.
P. ¿Qué le diría a quienes piden reducir drásticamente el número de turistas?
R. Es una visión simplista. No se trata de poner barreras en el aeropuerto, sino de gestionar mejor los recursos y repartir beneficios. El turismo es la base de nuestra economía y también una oportunidad para liderar en materia de turismo sostenible. (…) Que el turismo siga siendo motor económico, pero compatible con la vida de los residentes. Conciliar ambas realidades con datos, diálogo y corresponsabilidad. Mallorca no puede ni debe dejar de ser un destino turístico, pero sí puede serlo de una forma más consciente y equilibrada.
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