Inicio
General

“Queremos producir vinos que estén entre los mejores del mundo”

Laura Catena está a cargo de las bodegas más tradicionales del país y tiene como meta principal posicionar al malbec argentino en el mercado de alta gama internacional. "Creo que el principal defecto de los argentinos es una ventaja en la vitivinicultura: desde el productor más pequeño hasta el más grande están convencidos de que hacen el mejor vino del mundo", reflexionó.

Laura Catena se incorporó al proyecto familiar en 1996 con el objetivo de producir un buen malbec en Argentina. Hoy sigue promocionando este varietal por el mundo desde su cargo de directora de Catena Zapata, una bodega familiar radicada en Mendoza desde hace más de un siglo.
La historia que une a este apellido con la vitivinicultura argentina comenzó en 1898, cuando Nicola Catena llegó desde Italia y plantó la primera viña de malbec. Domingo, su hijo mayor y abuelo de Laura, heredó este emprendimiento y condujo la bodega familiar a un segundo nivel, convirtiéndose en uno de los viticultores más prósperos de la provincia. Vendía vinos en barricas a Buenos Aires, pero sobre todo se destacaba por un ensamblaje, que él mismo elaboraba.
Ya en la tercera línea generacional apareció el nombre de Nicolás Catena -padre de Laura-, quien marcó el camino de la profesionalización y mejora de la producción. En los 60 se propuso ampliar la distribución en Argentina y en los 80 su estadía temporal en California, Estados Unidos, se convirtió en la inspiración y en un punto de inflexión para la bodega.
En diálogo con Hospitalidad & Negocios, Laura Catena relató el trabajo visionario de su padre, que aún hoy guía el trabajo de la empresa.


MARCAR LA DIFERENCIA.
- ¿Cuál fue el cambio que introdujo tu padre en Catena Zapata?
- En los 90 Argentina no exportaba vinos de calidad, por lo que mi papá quiso replicar el modelo de la región de Napa Valley (California), donde las bodegas estaban produciendo vinos para competir con los mejores del mundo. Se propuso hacer un buen vino en nuestro país, que en ese momento no se acercaba ni en prestigio ni en precio a lo que se producía en Europa.
En una época en que se producía vinos a granel, mi papá vendió la bodega que elaboraba vinos de mesa y se quedó solo con Bodegas Esmeralda, la marca de vinos finos. A partir de allí comenzó a identificar las mejores zonas para los viñedos. Y decidió plantar chardonnay y malbec en Gualtallary, a 1.450 msnm.

- ¿Qué cambios se hicieron en la elaboración?
- Se hizo una selección de plantas para determinar si podíamos desarrollar un gran malbec. Se sembraron 150 hileras de distintos orígenes, de las cuáles se eligieron las 15 mejores, de las que después solo quedaron cinco. Se realizó mucho trabajo en el viñedo, porque Gualtallary es una de las zonas más frías. Fuimos la primera bodega en plantar a esa altura y la gente de Mendoza pensaba que un malbec no iba a madurar allí. Sin embargo, por la intensidad solar, la cepa madura muy bien y tuvimos uno de los mejores vinos. Además, se incrementó la densidad de los viñedos, se trabajó con los regímenes de irrigación y se experimentó mucho en la bodega. Hasta entonces existía un mismo régimen de vinificación, tanto para el cabernet como para cualquier otro vino. Por eso el objetivo fue buscar un régimen único para cada cepa.
En Argentina nunca se había hecho un malbec de alta gama exportable; fuimos los primeros en embarcarnos en este proyecto.

- ¿Cómo fue el proceso de posicionamiento de este producto?
- Comenzamos a vender caja por caja y en cada caso teníamos que convencer a alguien de que éste era un gran vino. Tuvimos que abrir muchas botellas. También participamos de degustaciones a ciegas y, al final, siempre nuestro vino era el elegido. Poco a poco fuimos derribando el prejuicio con la cepa porque no se sabía bien que era el malbec.

- ¿Hubo más bodegas que siguieron este camino de experimentación y profesionalización?
- Nosotros fuimos los primeros, pero hacia fines de los 90 ya había otras bodegas acompañando este proceso. Luego de la devaluación de 2001 se dio el boom de la vitivinicultura.


EN PRIMERA PERSONA.
- ¿Cómo fue tu incorporación a Catena Zapata?
- Mi vínculo con el sector comenzó desde muy joven. Cuando mi papá viajaba a Estados Unidos yo era la encargada de comprar vinos para degustarlos. De hecho, hicimos varios viajes juntos a Italia y a Francia para degustar distintas etiquetas. La realidad es que al principio no tenía la intención de trabajar en la bodega, porque quería ejercer mi profesión de médica. Sin embargo, me incorporé en los 90 al área de investigación. Luego pasé al sector comercial, primero para trabajar el mercado de Estados Unidos y luego el resto del mundo.
Hoy participo en el blending de todos los vinos que salen de la bodega. Mi política es que cada vino que se vende sea el que yo querría tomar. De hecho, es la mejor garantía que te puede dar una bodega familiar.

- ¿Continúa ejerciendo la medicina?
- Sí, unos seis días al mes en Estados Unidos.


UN CONCEPTO DE MARCA.
- ¿Cuál es el vínculo comercial que tiene Catena Zapata con el sector hotelero y gastronómico?
- El 50% de lo que se produce queda en el país, y de ese volumen el 40% se comercializa en el sector de la restauración.

-¿Cómo se promocionan en ese segmento?
- Nuestra teoría del negocio es que si el vino es rico, se vende. Entonces, abrimos las botellas y las hacemos degustar.

- ¿Realizan eventos en conjunto con los hoteles?
- Sí, organizamos veladas de degustación vinculadas al jazz y participamos del Master of Food and Wine que se realiza en los hoteles Hyatt de Mendoza y Buenos Aires.

-¿Qué vinculo tiene la empresa con el turismo?
- En 2001 se terminó de construir una bodega en forma de pirámide, diseñada por el arquitecto Pablo Sánchez Elía. Quisimos algo distinto que rindiera honor a nuestro suelo y nuestro clima, que son muy característicos. De hecho, diría que nos inspiramos en la arquitectura maya.
En primer término la cúpula es un excelente mirador de los viñedos de la zona. Además, cuenta con salas de degustación y allí se elaboran los vinos top de la bodega. Solo se pueden hacer visitas con reservas y organizamos distintos tipos de degustaciones; desde la más básica con los vinos Catena y Saint Felicien, hasta privadas para coleccionistas, donde ofrecemos cosechas añejas.


LA BODEGA HOY.
- ¿Cuáles son las proyecciones de la bodega?
- Queremos producir vinos que estén entre los mejores del mundo. Es un desafío constante, porque con cada cosecha hay un ensamble nuevo para hacer. Además, existe cada vez una mejor competencia en el resto del mundo. Por tal motivo, tenemos un nivel de perfeccionismo que nos lleva a separar los viñedos en lotes, a elegir planta por planta para solo usar las mejores. Tenemos que trabajar en detalle con los viñedos para alcanzar una calidad que pueda competir a nivel internacional.
Asimismo, otro desafío es promover la región porque el mundo desconoce la gran calidad que podemos producir en Mendoza y la capacidad de añejamiento de los vinos argentinos. Todavía tenemos mucho por hacer, sobre todo con los vinos de más alta gama.

- ¿En qué mercado hay que trabajar más intensamente?
- En todos, aun en Estados Unidos. En el segmento premium todavía somos menos conocidos que los franceses o italianos.


LOS COLEGAS.
- ¿Cuál es tu opinión de la vitivinicultura argentina?
- El principal defecto de los argentinos es una ventaja en la vitivinicultura: desde el productor más pequeño hasta el más grande está convencido de que hacen el mejor vino del mundo. Esa arrogancia que a veces nos critican esconde un deseo de producir lo mejor. Hay productores que pueden elaborar un vino que no es conveniente en lo comercial, pero igual lo hacen porque aspiran a hacer el mejor. Ese espíritu tan independiente y tan soñador es lo que hace que haya proyectos tan interesantes, con diferentes ensambles, marcas y formas de elaborar vinos. A su vez, contamos con un suelo y un clima privilegiados; sin eso no tendríamos nada.
Por otra parte, hay que reconocer que las grandes figuras de la vitivinicultura internacional están acá, como es el caso de Paul Hobbs, Piero Incisa o Michel Rolland, quien tiene más viñedos en Argentina que en cualquier otra parte del mundo.

- ¿Cuáles son las debilidades?
- Uno de los principales problemas son los costos. Esto hace que la competitividad baje y la situación se torne muy difícil, sobre todo para los productores pequeños. Obviamente que una devaluación nos ayudaría. Por otra parte, creo que podríamos trabajar un poco más en promover la región. Sin embargo, el grupo Wine of Argentine hizo un buen trabajo en los últimos años.

FUENTE: queremos-producir-vinos-que-esten-entre-los-mejores-del-mundo

Temas relacionados

Deja tu comentario