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La Unión Europea no da por perdida la temporada turística estival

La guerra en Medio Oriente preocupa a las autoridades turísticas de la Unión Europea, aunque consideran que no está perdido el verano.

La Unión Europea encara el verano turístico con un diagnóstico prudente, pero lejos del escenario de hundimiento que marcó crisis anteriores. La guerra en Medio Oriente, iniciada tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero, ha provocado más presión (si cabe) sobre el transporte, la energía y la planificación aérea, pero ni Bruselas ni la European Travel Commission dan por perdida la temporada. (Vuelos: los pasajeros creen que las normativas de la Unión Europea elevarán los precios)

La Comisión de la Unión Europea sostiene que las opciones de viaje dentro de la UE y hacia la UE siguen “ampliamente no afectadas” y que, por ahora, el impacto turístico global continúa siendo limitado.

El mensaje más claro lo ha trasladado Eduardo Santander, director ejecutivo de la European Travel Commission, al asegurar que el verano europeo “no va a afectar mucho”, aunque sí será una campaña diferente. Según Bruselas, no se trata de una crisis de apetito viajero, sino de una “crisis de costes”. En sus palabras, el turismo entra ahora en un “efecto dominó” en el que cualquier tensión sobre el combustible, los márgenes o la operativa acaba trasladándose a toda la cadena de valor.

Unión Europea-Shutterstock
La Unión Europea cree que el verano podría ser positivo en términos turísticos: así se prepara ante las inestabilidades por el conflicto en Medio Oriente.

La Unión Europea cree que el verano podría ser positivo en términos turísticos: así se prepara ante las inestabilidades por el conflicto en Medio Oriente.

Los precios de los paquetes turísticos en Europa siguen al alza

La diferencia respecto a la covid, la inflación o las restricciones sanitarias es que la demanda sigue activa, pero el producto puede encarecerse o reconfigurarse. Santander advierte de que la línea roja aparecerá si los precios alcanzan niveles que el consumidor no pueda asumir, especialmente en aviación y costes energéticos. De ahí que el riesgo no esté tanto en que el viajero europeo renuncie masivamente a sus vacaciones, sino en que las empresas con menor margen tengan más dificultades para absorber sobrecostes; es en esa crisis de costes, dijo, donde “pueden caer empresas”. (Medio Oriente: la subida de la energía y el petróleo impacta en las empresas turísticas)

Bruselas ha reaccionado con unas orientaciones específicas para transporte y turismo ante las interrupciones en el suministro de combustible y el cierre de determinadas rutas aéreas y marítimas vinculadas a la crisis.

El documento reconoce que la reducción de exportaciones energéticas por rutas marítimas de la zona y el bloqueo de facto del estrecho de Ormuz han elevado con fuerza los costes del transporte. Aun así, la Comisión subraya que no hay pruebas concretas de escasez de queroseno en la UE, aunque admite que, si el conflicto se prolonga, podrían producirse retrasos, cancelaciones, tiempos de viaje más largos y precios más altos.

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El combustible en Europa entra en zona crítica y pone bajo presión a las aerolíneas y los vuelos.

El combustible en Europa entra en zona crítica y pone bajo presión a las aerolíneas y los vuelos.

La Unión Europea garantiza el suministro de combustible para aerolíneas

La Comisión recuerda que los viajeros afectados por cancelaciones mantienen sus derechos de reembolso, transporte alternativo, asistencia y, en su caso, compensación, salvo que la compañía pueda probar circunstancias extraordinarias como una escasez local de combustible. Además, Bruselas descarta recargos retroactivos por carburante en billetes ya comprados, al exigir que el precio final se muestre desde el inicio de la reserva.

Eso sí, Bruselas abre margen técnico para proteger la continuidad operativa de las aerolíneas: las orientaciones permiten justificar excepciones a la obligación de repostar al menos el 90% del combustible anual necesario en cada aeropuerto comunitario cuando existan razones de seguridad vinculadas a disponibilidad de carburante, aunque no por simples subidas de precio.

La UE también ha aclarado que no existen obstáculos regulatorios para usar combustible Jet A importado en Europa, siempre que se gestione y comunique correctamente en toda la cadena de suministro, una opción pensada para aliviar posibles tensiones si escasea el Jet A-1 habitual en el mercado europeo.